Pamplona –y Badajoz– estaba allí, en Melbourne Sin Godard y sin Daney para hablar del tenis en la época del paroxismo gestual del tenis; en la época del «ser leyenda», «hacer historia», «alcanzar tu mejor versión», «llevar tu cuerpo al límite y más allá», hasta el territorio de los sueños que hay que atreverse a abrazar. ¡Aprieten los puños!
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